Con un dólar que se mantiene estable y tasas de interés en pesos que volvieron a ubicarse por encima de la inflación, en las últimas semanas reapareció con fuerza una estrategia conocida por los inversores argentinos: el carry trade. En un contexto de calma cambiaria, las colocaciones en moneda local volvieron a ganar atractivo y empiezan a ocupar un lugar central en muchas carteras.
La lógica es simple. El carry trade consiste en invertir en instrumentos en pesos aprovechando tasas reales positivas y, más adelante, dolarizar las ganancias cuando se percibe que esa ventana de oportunidad empieza a cerrarse. Para que funcione, deben cumplirse dos condiciones clave: que el rendimiento en pesos le gane a la inflación y que el dólar no pegue un salto brusco durante el período de inversión. Si alguna de esas dos piezas falla, la estrategia pierde atractivo.
El telón de fondo de este regreso está marcado por el endurecimiento de las tasas tras la aceleración inflacionaria de diciembre, cuando el IPC alcanzó el 2,8% mensual. En respuesta, el Tesoro convalidó rendimientos más altos en sus licitaciones para evitar una dolarización de carteras, lo que terminó empujando al alza a todo el esquema de tasas del mercado. Subieron los plazos fijos, las letras del Tesoro y las cauciones, en un intento por absorber pesos y sostener la estabilidad cambiaria.
Dentro de este escenario, las Lecaps se consolidaron como el instrumento estrella del carry. Las letras más cortas ofrecen hoy tasas efectivas mensuales cercanas o incluso superiores al 3%, claramente por encima de la inflación esperada para enero y febrero. Esa combinación de rendimiento, previsibilidad y corto plazo explica por qué desplazaron al plazo fijo tradicional como primera opción para posicionarse en pesos.
A diferencia del plazo fijo, la Lecap permite mayor flexibilidad. Si se mantiene hasta el vencimiento, el rendimiento está asegurado, pero también existe la posibilidad de venderla antes y recuperar liquidez. Además, si las tasas comienzan a bajar, el precio de la letra puede subir y generar una ganancia adicional. Ese margen de maniobra es lo que hoy valoran muchos inversores frente al encierro que implica el depósito bancario clásico.
La comparación directa lo deja en evidencia. Con tasas nominales anuales que rondan el 26%, un plazo fijo a 30 días ofrece una rentabilidad mensual cercana al 2,1%, todavía por debajo de las Lecaps más cortas. En un contexto donde la inflación mensual se ubica por encima de ese nivel, el plazo fijo empieza a quedar relegado como herramienta de resguardo real del capital.
Las perspectivas para que el carry se mantenga abiertas dependen, en gran medida, de la continuidad de la calma cambiaria. El ingreso de divisas del sector agroexportador, sumado a la colocación de deuda corporativa en dólares y a las compras del Banco Central, configura un escenario de oferta que le pone un freno a eventuales presiones sobre el tipo de cambio. Mientras ese equilibrio se sostenga, las tasas en pesos seguirán siendo una alternativa atractiva.
El principal riesgo, como siempre, viene por el lado del dólar. Un cambio brusco en el contexto internacional, un fortalecimiento global de la moneda estadounidense o un shock local podrían alterar la ecuación. Por eso, el carry trade no es una estrategia para dormirse, sino para monitorear de cerca y desarmar a tiempo.
Por ahora, con inflación que desacelera gradualmente y rendimientos reales positivos, el mercado parece haber encontrado nuevamente una ventana donde invertir en pesos vuelve a tener sentido. Una rareza argentina que, cuando aparece, suele durar poco, pero que hoy volvió a ponerse de moda entre quienes buscan ganarle a los precios sin asumir saltos cambiarios innecesarios.
