El Banco Central explicó ante inversores internacionales por qué no espera presiones ni sobre el dólar ni sobre la inflación, aun en un contexto en el que volvió a comprar reservas mediante emisión de pesos. La exposición se dio en Londres, en el marco de una presentación ante fondos y bancos internacionales, y buscó despejar una de las dudas centrales del mercado sobre la sostenibilidad del esquema actual.
El argumento oficial se apoya en el cambio de fase del programa económico iniciado a mediados de diciembre, tras el período de fuerte tensión previo a las elecciones legislativas. Desde entonces, el BCRA combina normalización financiera, remonetización de la economía y recomposición de reservas, en un contexto de menor demanda privada de dólares.
Los números recientes del mercado cambiario son el primer respaldo de esta lectura. En lo que va de enero, el Banco Central acumuló compras por algo más de 800 millones de dólares, tanto en el mercado oficial como a través de operaciones en bloque. Lejos de generar presión, el tipo de cambio oficial retrocedió cerca de 2% respecto del cierre de diciembre, ubicándose por debajo de los niveles de fin de año.
Una de las claves detrás de este comportamiento fue el fuerte giro en la demanda de dólares del sector privado. Entre abril y las elecciones, la dolarización minorista promediaba unos 2500 millones de dólares mensuales, impulsada por la incertidumbre política. Tras los comicios, ese flujo se redujo de manera abrupta y pasó a rondar los 600 millones mensuales, una caída cercana al 75%. Con menos demanda de cobertura, el mercado cambiario quedó mucho más equilibrado.
A este cambio se suma una mejora en la oferta potencial de divisas. El Banco Central estima que todavía hay financiamiento corporativo externo que no fue liquidado en el mercado local. Desde octubre, las empresas argentinas accedieron a unos 6400 millones de dólares en colocaciones externas, que por normativa deben ingresarse al mercado doméstico en un plazo de 180 días. De ese total, cerca de 3600 millones aún deberían volcarse a la plaza cambiaria en las próximas semanas.
También juega a favor la normalización de los flujos del complejo agroexportador, en la antesala de la cosecha gruesa, y el impacto esperado de los proyectos bajo el régimen de incentivos a las grandes inversiones, concentrados en energía y minería. Según las proyecciones oficiales, estos proyectos permitirían duplicar las exportaciones en el corto plazo y multiplicarlas aún más en los próximos años.
En el frente inflacionario, el diagnóstico del Central también apunta a una moderación. Tras la aceleración de diciembre, cuando la inflación alcanzó el 2,8%, los registros internos de seguimiento diario muestran una desaceleración al inicio de 2026. En particular, alimentos y bebidas, el rubro de mayor peso en el índice de precios, pasó de subas superiores al 4% mensual en diciembre a incrementos por debajo del 3% hacia mediados de enero. En los alimentos procesados, el ritmo incluso se acercó al 1% mensual.
Según el análisis oficial, la aceleración de fin de año estuvo explicada por factores puntuales, como precios regulados y alimentos frescos con fuerte componente estacional. Al aislar esos efectos, la inflación subyacente se mantiene en torno al 2% mensual, un nivel que el Central considera compatible con un proceso de desinflación gradual.
Otro elemento destacado es la estructura actual del mercado financiero. A diferencia de episodios previos, hoy la participación de inversores extranjeros en deuda en pesos es muy baja. Mientras que en 2017 la exposición de no residentes superaba los 30.000 millones de dólares, actualmente ronda apenas los 3700 millones. Esta diferencia reduce el riesgo de salidas abruptas que presionen al mismo tiempo sobre el tipo de cambio y la deuda local.
Con este diagnóstico, el Banco Central sostiene que la emisión asociada a la compra de dólares no es inflacionaria en el contexto actual. La economía viene de un proceso de fuerte desmonetización y la demanda de dinero muestra señales de recuperación. En ese marco, el Central apuesta a recomponer reservas sin desanclar expectativas, apoyado en un mercado cambiario más equilibrado y una inflación que, según sus proyecciones, volvió a encaminarse hacia la desaceleración.
