El Tesoro volvió a hacer algo que no ocurría desde 2017: tomar deuda en dólares de manera formal. Por primera vez en ocho años, el Gobierno logró colocar US$ 1.000 millones mediante el nuevo Bonar 2029, una señal que apunta a ordenar el calendario de pagos y a retomar, paso a paso, la relación con los mercados internacionales.
La operación se cerró a una tasa del 9,26% anual, levemente por encima del objetivo que se había planteado el Ministerio de Economía. Aun así, la demanda superó lo esperado. Según Finanzas, llegaron ofertas por más de US$ 1.400 millones de parte de más de 2.500 inversores, lo que permitió adjudicar el cupón del 6,5% bajo legislación argentina.
Más allá de la tasa, lo relevante es el movimiento estratégico. El Gobierno enfrenta en enero vencimientos por alrededor de US$ 4.100 millones y necesitaba enviar una señal de que no piensa pagarlos “taca taca” con reservas, sino utilizando el mecanismo que usan los países normales: refinanciar deuda vieja con deuda nueva, rollear, estirar plazos y tratar de conseguir costos cada vez más bajos.
Volver a emitir después de tantos años con el acceso cerrado muestra cierta recomposición de la confianza, al menos dentro del mercado local de dólares financieros. No es todavía un regreso pleno al mercado internacional, ya que el bono se emitió bajo ley argentina y con destino a inversores locales, pero funciona como antesala. Marca que el Tesoro puede volver a probar qué nivel de tasa está dispuesto a convalidar el mercado y hasta dónde llega el apetito por activos en dólares emitidos por el Estado.
La jugada también se da en un contexto en el que empresas y provincias ya habían tomado la delantera. Varias energéticas y distritos como Santa Fe, Córdoba y la Ciudad habían logrado emitir en los últimos meses, aprovechando el clima financiero más estable. El Gobierno nacional busca integrarse a esa dinámica para evitar tensionar las reservas del Banco Central y ordenar el perfil de vencimientos sin recurrir a medidas extremas.
El regreso al mercado, incluso con un instrumento de corto plazo y bajo ley local, implica un punto de inflexión. Si las próximas colocaciones se consolidan y la tasa empieza a bajar, el país podría volver a depender menos de emisión monetaria o financiamiento de organismos multilaterales y más de un mecanismo estándar de cualquier economía integrada: refinanciar deuda de manera previsible.
Por ahora, el primer paso está dado. Después de ocho años, la Argentina volvió a colocar deuda en dólares y logró fondeo para empezar a cubrir los vencimientos más inmediatos. El desafío será sostener este camino y demostrar que, más que un hecho aislado, se trata del inicio de una normalización financiera que el país no logra consolidar hace más de una década.
