Las estimaciones privadas anticipan que la pobreza habría registrado un repunte en el cuarto trimestre de 2025, cortando la tendencia descendente que se había observado desde mediados de 2024. El dato oficial se conocerá recién el 31 de marzo, pero los indicadores preliminares muestran que la aceleración de la inflación de fin de año, especialmente en alimentos, volvió a tensionar los ingresos de los hogares.
Durante el primer semestre de 2025, la pobreza se había ubicado en torno al 31,6%, y hacia el tercer trimestre algunas mediciones mostraban una baja más marcada. Sin embargo, el escenario cambió en el último tramo del año. En diciembre, la inflación mensual se aceleró hasta 2,8% y, más importante aún, las canastas básicas subieron bastante por encima del promedio general de precios.
En ese mes, tanto la canasta básica alimentaria como la canasta básica total aumentaron 4,1%, acumulando tres meses consecutivos con subas superiores a la inflación. Este comportamiento implica que el umbral que define quién es pobre o indigente se movió más rápido que los ingresos, empujando estadísticamente a más personas por debajo de la línea de pobreza.
Las estimaciones de corto plazo reflejan ese impacto. Mientras que en el tercer trimestre la pobreza se ubicaba cerca del 28,7%, para el cuarto trimestre habría escalado a niveles cercanos al 32,5%. El principal factor detrás de este movimiento fue el encarecimiento de los alimentos, con la carne como uno de los rubros de mayor incidencia, en un contexto en el que los ingresos no lograron acompañar ese ritmo de aumento.
En diciembre, por ejemplo, el rubro Alimentos y Bebidas creció por encima del índice general y mostró subas particularmente fuertes en productos cárnicos. Como resultado, el valor de la canasta total para un hogar tipo de cuatro integrantes superó el millón trescientos mil pesos, elevando el piso de ingresos necesarios para no ser considerado pobre.
Además del efecto precios, también jugó un factor estadístico. En el cuarto trimestre los ingresos relevados no incluyen el impacto del aguinaldo, lo que tiende a mostrar niveles de ingresos más bajos en la medición, a diferencia de lo que ocurre en el primero y el tercer trimestre del año. Esa combinación suele generar un repunte transitorio de la pobreza hacia fin de año.
De todos modos, las proyecciones hacia adelante son más moderadas. Para el primer trimestre de 2026 se espera que la pobreza vuelva a bajar, a medida que las canastas desaceleren su ritmo de aumento y los ingresos vuelvan a incorporar el efecto del aguinaldo. En ese sentido, el repunte del último trimestre de 2025 aparece más como un freno en la mejora que como un cambio de tendencia estructural.
El dato oficial del segundo semestre de 2025 se conocerá a fines de marzo. Allí se confirmará si la pobreza logró cerrar el año por debajo del 2024, aunque con un cierre más frágil de lo que sugerían los números del tercer trimestre, en un contexto donde la inflación de alimentos volvió a jugar un rol determinante.
