Con fuerte desaceleración en alimentos, el índice de precios sorprendió al mercado. El Gobierno celebra, pero el proceso no está exento de costos
Por primera vez en cinco años, la inflación mensual en Argentina perforó el piso simbólico del 2%. El Índice de Precios al Consumidor (IPC) de mayo fue de 1,5%, según informó hoy el INDEC, marcando la menor variación mensual desde mayo de 2020. La sorpresa fue generalizada: el mercado esperaba un registro más alto, incluso entre las estimaciones más optimistas.
El dato se explica en buena parte por la fuerte desaceleración de los precios de alimentos y bebidas, que subieron apenas 0,5%, con incluso caídas en frutas y verduras. También hubo aumentos moderados en transporte (0,4%) y vivienda (0,8%). Las mayores subas se dieron en telefonía e internet (+4,1%) y restaurantes y hoteles (+3%).
Con este resultado, la inflación acumulada en 2025 llega al 13,3%, mientras que la interanual se ubica en 43,5%, trece puntos menos que hace un año. La inflación núcleo, que excluye precios regulados y estacionales, fue de 2,2%, también en su nivel más bajo desde la pandemia.
¿Cómo se logró? El Gobierno adjudica esta baja a la consistencia del programa económico. El Banco Central y el Ministerio de Economía aplicaron un plan de fuerte restricción monetaria: reducción del gasto, superávit fiscal y un tipo de cambio que se mantiene estable dentro de la banda flotante, junto con los 20 mil millones de dólares de deuda que se obtuvieron a través del FMI.
Ahora bien, la pregunta que uno se hace es, ¿todo esto es sostenible? El dato es positivo pero aún prematuro para celebrar un éxito consolidado, pero hay que destacar que la baja se haya dado incluso tras la salida del cepo. Da una señal de credibilidad. El tipo de cambio subió 10% desde entonces, y aún así no se trasladó a precios.
Sin embargo, el proceso de baja inflacionaria no está exento de costos. El Gobierno eligió priorizar la desinflación por sobre la acumulación de reservas, lo cual en el largo plazo puede provocar crisis cambiarias imposibles de frenar por falta de dólares en las arcas del Banco Central. Además, hay pocos pesos en la economía, y eso implica cierto enfriamiento del consumo interno, que ya se está notando en sectores como el comercio y la industria textil. Aunque la desaceleración ayuda a estabilizar precios y salarios, la caída de ventas y la menor circulación de pesos pueden afectar el empleo en los próximos meses.
Mientras tanto, el desafío sigue siendo doble: consolidar la desinflación sin frenar en exceso la actividad económica y lograr que los efectos positivos lleguen al bolsillo de la mayoría.
