El nivel de actividad cerró 2025 en su máximo histórico, con un fuerte impulso del agro, las finanzas y la minería. Sin embargo, el crecimiento convive con un deterioro en la calidad del empleo y sectores urbanos que siguen en retroceso.
La economía argentina terminó 2025 con números positivos y un dato simbólico: el nivel de actividad alcanzó un nuevo récord histórico. Según los datos oficiales del INDEC, en diciembre la actividad económica creció 1,8% mensual desestacionalizado y superó en 0,8% el máximo previo registrado en junio de 2022.
El año cerró con una expansión acumulada del 4,4%, mientras que el último trimestre mostró un crecimiento del 0,8%. En términos interanuales, diciembre registró una suba del 3,5% frente al mismo mes del año anterior y del 6,1% respecto de noviembre de 2023. Además, el cierre de 2025 deja un arrastre estadístico del 0,8% para 2026, con un dato particularmente fuerte en diciembre, que aporta por sí solo un arrastre cercano al 2%.
Los números confirman que la economía volvió a crecer. Pero también dejan una pregunta incómoda: ¿qué tipo de crecimiento es y a quién le llega?
El avance del EMAE en diciembre estuvo explicado por pocos motores muy claros. El sector agropecuario lideró con una suba interanual del 32%, seguido por la intermediación financiera, que creció 14%, y la explotación de minas y canteras, con un aumento del 9,1%, de acuerdo con el desglose sectorial publicado por el INDEC.
Son sectores con alto peso en exportaciones y en generación de divisas, pero con bajo impacto directo en el empleo masivo urbano. Del otro lado, los rubros más ligados al consumo y a la actividad cotidiana de las ciudades mostraron caídas interanuales: el comercio retrocedió 1,3%, la industria cayó 3,9% y hoteles y restaurantes bajaron 1,5%.
La foto es clara: el crecimiento existe, pero está concentrado. Y no es el mismo crecimiento que tracciona empleo intensivo ni mejora rápidamente los ingresos de la mayoría.
