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Empleo formal privado: un país estancado con provincias a distinto ritmo

Mientras el empleo registrado crece a cuentagotas a nivel nacional, algunas provincias logran despegar gracias a sectores dinámicos. Otras, en cambio, profundizan su retroceso.

En abril de 2025, el empleo formal en el sector privado creció apenas 0,05% interanual, lo que equivale a la incorporación de solo 3.504 nuevos puestos registrados en todo el país. El dato es preocupante: mientras la población económicamente activa crece en más de 200.000 personas por año, el mercado laboral formal no logra absorber ni una fracción importante de esa demanda. El país debería estar generando entre 150.000 y 200.000 empleos nuevos cada año solo para evitar que aumente el subempleo, pero no lo está haciendo.

El panorama evidencia una enorme disparidad entre provincias. De las 24 jurisdicciones del país, 13 lograron aumentar el empleo formal privado, mientras que 11 registraron retrocesos. Neuquén lideró el crecimiento con un alza del 3,7%, seguida por Tierra del Fuego (+3,4%) y San Juan (+2,5%). En contraste, Santa Cruz fue la que más empleo perdió (-7,7%), seguida por Salta (-4,7%) y Catamarca (-2,7%).

El dinamismo en Neuquén está claramente vinculado al auge de Vaca Muerta, que sigue atrayendo inversiones y generando empleo no solo en el sector energético, sino también en servicios asociados, construcción e inmobiliario. Tierra del Fuego, por su parte, muestra señales de reactivación fabril, posiblemente vinculada al ensamblaje de productos electrónicos. Y San Juan sigue consolidando su perfil minero con inversiones constantes que impactan directamente en el empleo.

En el otro extremo, Santa Cruz sufre los efectos del retiro de inversiones de YPF, lo que se traduce en más de 4.400 empleos formales menos. Salta y Catamarca también muestran caídas preocupantes, aunque en estos casos el deterioro parece más vinculado al freno de obras públicas y a la menor actividad agrícola-industrial.

Hay otras provincias que, sin tener crecimientos tan altos, logran escapar del estancamiento. Corrientes (+2,2%), Formosa (+2,1%), Mendoza (+1,5%) y Tucumán (+1,2%) también mostraron mejoras por encima del promedio. En muchos casos, la explicación está en la agroindustria, el empleo público o pequeñas inversiones que, en economías chicas, mueven el amperímetro.

En cambio, los grandes distritos del país, como Buenos Aires, CABA, Córdoba y Santa Fe, muestran cifras casi planas. Buenos Aires sumó 5.077 empleos en el año, pero eso representa apenas un 0,26% de su mercado. En la Ciudad Autónoma el alza fue de solo 300 puestos, y en Córdoba y Santa Fe el número fue menor a 500. En estos casos, el problema es estructural: sus economías son más diversificadas y complejas, y por eso es difícil que un solo sector pueda generar un salto significativo. Pero también revela la ausencia de un motor claro de crecimiento que impulse el empleo formal.

Detrás de este magro desempeño hay un trasfondo más profundo. La economía argentina no está generando empleo de calidad porque los costos laborales, impositivos y regulatorios siguen estando desalineados con la productividad. Las empresas, frente a este escenario, recurren cada vez más al empleo informal, al monotributo o directamente a reducir sus plantillas. Y aunque algunas puedan estar formalizando trabajadores aprovechando la mayor flexibilidad introducida por la Ley Bases, el volumen sigue siendo insuficiente.

En definitiva, el empleo formal privado en Argentina no crece: apenas se recupera. Las diferencias entre provincias marcan que el problema no es solo macroeconómico. Las regiones que encuentran sectores dinámicos logran traccionar. El resto, simplemente se estanca o retrocede. La brecha regional del empleo es, hoy más que nunca, un espejo de las asimetrías estructurales del país.

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