En medio de la fuerte presión cambiaria, el Gobierno anunció la eliminación de las retenciones a las exportaciones de granos hasta el próximo 31 de octubre. La medida abarca a la soja, el maíz, el trigo, el girasol y otros cultivos. El objetivo es que el campo acelere la liquidación de divisas y robustezca las reservas del Banco Central.
La decisión busca incentivar un mayor flujo de dólares en un contexto de fragilidad. Según explicó Adorni, se trata de una medida “excepcional” para garantizar que el mercado de cambios no pierda liquidez en un momento clave: a solo días de las elecciones nacionales. La eliminación de retenciones impactará directamente en los productores, que podrán liquidar su cosecha sin ese descuento tributario, y en las arcas del Banco Central, que depende del ingreso de dólares comerciales para contener la demanda.
El anuncio se suma a las reducciones que ya se habían implementado en julio, cuando el Ejecutivo recortó alícuotas en los complejos de granos y carne. Ahora, con la eliminación total, la apuesta oficial es maximizar la oferta de divisas en el corto plazo, aún a costa de resignar recaudación fiscal.
El Gobierno enfrenta un doble desafío: mantener bajo control al dólar dentro de la banda acordada con el FMI y evitar un mayor deterioro de las reservas. La medida revela hasta qué punto las necesidades de corto plazo obligan a utilizar todas las herramientas posibles. El costo fiscal será significativo, pero la urgencia es ganar tiempo.
Con esta jugada, el oficialismo apuesta a calmar la tensión en el mercado y llegar a octubre con un tipo de cambio más controlado. Sin embargo, la magnitud de las ventas del BCRA y la fragilidad de las reservas muestran que el margen de maniobra es limitado, lo que deja abierta la posibilidad de un ajuste cambiario después de las elecciones. Y aún no se calculó el costo fiscal de esta nueva baja transitoria de retenciones.
