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Cuánto cuesta hoy ser clase media en la Ciudad

En enero, una familia tipo necesitó más de $2,2 millones por mes para ser considerada de clase media en CABA. Con alquiler, el piso supera los $3,3 millones. Las canastas básicas volvieron a subir por encima de la inflación.

Ser clase media en la Ciudad de Buenos Aires es cada vez más caro. Según los últimos datos del Instituto de Estadística y Censos de la Ciudad de Buenos Aires (IDECBA), una familia tipo de cuatro integrantes necesitó ingresos mensuales por al menos $2.201.157 para ubicarse dentro de ese segmento, siempre y cuando no pague alquiler. Cuando se suma el costo de alquilar una vivienda, el umbral se dispara a más de $3.300.000 mensuales.

Los números muestran con crudeza cómo se reconfigura el mapa social porteño. Para no caer bajo la línea de pobreza, ese mismo hogar necesitó ingresos superiores a $1.396.660. Y para no ser indigente, el piso fue de $767.412 mensuales.

El dato más preocupante está en la dinámica de las canastas básicas. De acuerdo con el IDECBA, en enero la canasta de indigencia aumentó 5,6% y la de pobreza subió 3,7%. En ambos casos, las subas quedaron por encima de la inflación promedio de la Ciudad, que fue del 3,1% en el mes.

Esto implica que, aun en un contexto donde la inflación general muestra cierta desaceleración, el costo de cubrir necesidades básicas sigue corriendo más rápido que el promedio de precios. Alimentos y servicios esenciales vuelven a presionar sobre los ingresos de los hogares, especialmente en los sectores medios y bajos.

El impacto del alquiler es otro punto clave. La diferencia entre una familia propietaria y una inquilina ya no es marginal: pagar alquiler implica sumar más de un millón de pesos mensuales al presupuesto familiar para sostener un nivel de vida considerado “clase media”.

En la práctica, estos números explican por qué cada vez más hogares sienten que “no llegan” aun con ingresos que, en términos nominales, parecen altos. El costo de vida en CABA sigue empujando los umbrales sociales hacia arriba, mientras los salarios corren de atrás.

El resultado es una clase media cada vez más exigida, con menos margen para absorber subas y más expuesta a cualquier shock de precios. Y una señal clara: en la Ciudad, sostener el nivel de vida dejó de ser solo una cuestión de empleo y pasó a ser, cada vez más, una carrera contra el costo de las canastas básicas.

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