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Argentina logró su mayor superávit energético en 35 años gracias a Vaca Muerta y al nuevo gasoducto

El saldo comercial energético fue de USD 3.761 millones en el primer semestre de 2025. Por primera vez en décadas, la energía compensa el deterioro de otras áreas del comercio exterior.

El sector energético argentino registró en la primera mitad de 2025 su mejor desempeño en más de tres décadas: la balanza comercial del rubro arrojó un superávit de USD 3.761 millones, el valor más alto para un semestre desde fines de los ’80. La cifra fue confirmada por la Secretaría de Energía y refleja un cambio estructural: el país volvió a ser exportador neto de energía, una condición que había perdido durante más de una década.

El resultado fue impulsado por dos factores clave. Por un lado, las exportaciones de petróleo desde Vaca Muerta se consolidaron, alcanzando volúmenes cercanos a los 400 mil barriles diarios, lo que generó ingresos por USD 739 millones solo en junio, incluso con precios internacionales relativamente bajos. Por el otro, las importaciones energéticas se redujeron drásticamente tras la entrada en funcionamiento del Gasoducto Perito Moreno, que permitió sustituir compras externas de gas por producción local.

Este avance cobra aún más relevancia si se lo compara con el resto del comercio exterior. Mientras la balanza energética aportó divisas, el saldo comercial total del país cayó de USD 10.742 millones en el primer semestre de 2024 a apenas USD 2.788 millones este año. El deterioro fue especialmente notorio en el intercambio con China, cuyo déficit bilateral se quintuplicó en un año.

La dinámica positiva del sector energético contrasta con un pasado reciente marcado por déficits persistentes: entre 2011 y 2023, Argentina acumuló un rojo superior a los USD 36.000 millones, producto de años sin inversiones significativas y precios internos congelados. Recién a partir de 2022 comenzó una reversión parcial, pero fue en 2024 y especialmente en este 2025 cuando se consolidó un cambio de tendencia.

De sostenerse este ritmo, el superávit energético podría cerrar el año en torno a los USD 6.000 a 8.000 millones, lo que superaría incluso el récord histórico de 2006. Más allá del aporte por la cuenta corriente, el sector también está generando flujos por vía financiera: empresas como YPF, Vista, Tecpetrol o Pan American están emitiendo deuda en dólares para financiar infraestructura, mientras que los consorcios empresariales como VMOS ya cerraron líneas sindicadas por hasta USD 2.000 millones.

Para el gobierno de Javier Milei, este desempeño no es solo un alivio contable. El superávit energético es parte central del nuevo modelo económico, que busca sumar al agro la contribución de la minería y los hidrocarburos como fuentes estables de generación de divisas. En un contexto donde la balanza comercial no energética está bajo presión, que la energía pase a ser un sector netamente exportador no solo es una buena noticia: es, quizás, una de las pocas certezas en un escenario global todavía volátil.

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