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Acuerdo Argentina–Estados Unidos: qué autos entran sin arancel y por qué el impacto será acotado

El acuerdo comercial entre Argentina y Estados Unidos abre la puerta a la importación de hasta 10.000 autos por año con arancel cero, eliminando el 35% que hoy pagan los vehículos provenientes de fuera del Mercosur. Sin embargo, lejos de representar una apertura masiva del mercado, se trata de un beneficio puntual, limitado y con ganadores muy específicos.

El primer punto clave es el tamaño del cupo. Las 10.000 unidades representan apenas el 1,7% del mercado automotor argentino y solo una quinta parte del cupo ya vigente para híbridos y eléctricos, que permite importar hasta 50.000 vehículos sin arancel. Además, el beneficio no es generalizado, ya que alcanza únicamente a determinados tipos de vehículos definidos por posiciones arancelarias muy concretas.

Dentro del acuerdo quedan habilitados autos con motores nafteros entre 1.500 y 3.000 cm³ y mayores a 3.000 cm³, vehículos diésel de más de 2.500 cm³ con dimensiones superiores a 5,5 metros de largo y 2 metros de ancho, y también autos híbridos y eléctricos. Esta especificación deja afuera a buena parte de los modelos más vendidos del país y marca con claridad quiénes son los principales beneficiados.

En la práctica, los grandes ganadores son las pick ups full size producidas en Estados Unidos, como la Toyota Tundra, y los vehículos eléctricos de marcas como Tesla y Rivian. En cambio, quedan excluidas las pick ups medianas que se fabrican en Argentina o Brasil, como Hilux, Ranger, Amarok o S10, aun cuando su cilindrada encaje dentro de los rangos permitidos, simplemente porque no cumplen con las dimensiones exigidas.

El acuerdo no beneficia solo a marcas estadounidenses. También podrán usar el cupo automotrices extranjeras que producen en Estados Unidos, como Honda, Toyota, Hyundai, Nissan, Volkswagen, BMW o Mercedes Benz. En el caso de Tesla y Rivian, que no cuentan con importador oficial en el país, los compradores deberán gestionar certificaciones técnicas directamente con el fabricante.

Otro punto sensible es la forma en que se repartirá el cupo. A diferencia del esquema de híbridos y eléctricos, donde el volumen se divide entre terminales agrupadas en Adefa e importadores nucleados en CIDOA, en este acuerdo no hay porcentajes asignados. Las unidades se nacionalizarán por orden de llegada a la Aduana, bajo la regla first come first served.

Este mecanismo puede generar tensiones, ya que las marcas con mayor espalda financiera y logística podrían quedarse con la mayor parte del cupo, dejando en desventaja a importadores más pequeños. Desde el sector señalan que es una práctica habitual en acuerdos comerciales, como los que Argentina mantiene con México o Colombia, pero reconocen que el reparto será motivo de controversia.

Por último, el acuerdo todavía debe ser aprobado por el Congreso para entrar en vigencia. Recién entonces se conocerá el impacto real en precios y disponibilidad. Por ahora, el consenso es claro: no se trata de una revolución del mercado automotor, sino de una ventana acotada que favorecerá a modelos grandes, eléctricos y de nicho, más que al grueso de los consumidores argentinos.

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