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Dónde queda el cementerio de trenes más grande de Argentina

Hay destinos turísticos que sorprenden por sus paisajes naturales y otros que cautivan por las historias que esconden. En Tandil, además de la famosa Piedra Movediza y sus sierras, existe un lugar poco conocido que parece detenido en el tiempo: el mayor cementerio de trenes de la Argentina.

Se trata de la antigua Playa de Maniobras del Ferrocarril General Roca, un enorme predio donde, durante décadas, se organizaron los trenes de carga que transportaban piedra, granito, cereales y otros productos hacia distintos puertos del país.

Hoy, ese mismo lugar alberga decenas de vagones, locomotoras, grúas ferroviarias y coches de pasajeros abandonados, convertidos en un escenario que combina historia, patrimonio industrial y un fuerte atractivo visual para quienes practican la fotografía o el turismo ferroviario.

Aunque en Argentina existen otros depósitos de material ferroviario fuera de servicio, como los de Cruz del Eje (Córdoba), Mechita y Calderón (Buenos Aires), especialistas y aficionados coinciden en que el predio tandilense es el de mayor extensión y concentración de formaciones abandonadas.

u aspecto actual refleja el cambio que experimentó el transporte de cargas durante las últimas décadas, cuando el crecimiento del transporte por camión y la expansión de las rutas redujeron significativamente la actividad ferroviaria, dejando atrás miles de toneladas de material rodante.

Cómo nació el gigantesco cementerio de trenes de Tandil

Durante buena parte del siglo XX, la playa de maniobras fue uno de los puntos ferroviarios más importantes del sudeste bonaerense.

Allí se clasificaban y reorganizaban los trenes provenientes, principalmente, de las canteras de Tandil y Olavarría, que transportaban piedra destinada a grandes obras de infraestructura.

Desde este punto partían convoyes hacia Buenos Aires, Bahía Blanca, Quequén y Mar del Plata, llevando materiales que terminaron formando parte del crecimiento de numerosas ciudades argentinas. Incluso, muchos de los adoquines que aún conservan calles porteñas provienen de aquellas canteras.

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