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El conflicto en Medio Oriente empuja al petróleo y podría trasladarse a la nafta en Argentina

Tras el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán, el precio del petróleo subió cerca de 8%. Si el shock se sostiene, el impacto en surtidor podría rondar un aumento del 3,2%.

La escalada militar en Medio Oriente volvió a meterse de lleno en el mercado energético global. El ataque directo de Estados Unidos e Israel sobre Irán —que terminó con la muerte del líder supremo Ali Khamenei— disparó una reacción inmediata en los precios del petróleo, que treparon alrededor de 8% en pocas ruedas.

Como suele pasar en estos episodios, el foco del mercado se trasladó rápidamente al Estrecho de Ormuz, el principal cuello de botella del sistema petrolero mundial. Por esa vía circula cerca del 20% del crudo global, producido por países clave como Arabia Saudita, Irak, Irán, Emiratos Árabes Unidos y Qatar. Cualquier señal de tensión en esa zona alcanza para poner nerviosos a los precios.

En los hechos, no hubo un cierre formal del estrecho. La disrupción inicial fue más financiera y logística que física: aseguradoras retirando cobertura, navieras reduciendo tránsito y advertencias de la Marina estadounidense. Aun así, el mercado reaccionó rápido, con una suba fuerte del crudo.

Desde el lado de la oferta, la respuesta fue limitada. La OPEP+ anunció un aumento de producción de apenas 206.000 barriles diarios a partir de abril, un volumen marginal frente a la demanda global. En la práctica, el mensaje fue claro: no salir a compensar el shock, sino convalidar precios más altos.

Todo esto ocurre, además, en un mercado que llega mejor parado que en otros momentos críticos. Durante 2025 la oferta global superó a la demanda, se recompusieron inventarios y el hemisferio norte entra ahora en una etapa de menor consumo estacional. Por eso, el consenso es que no se trata de un shock tipo 2022, pero sí de un cambio de nivel en precios.

¿Qué implica esto para la nafta en Argentina?

Ahí aparece el punto sensible. Con un petróleo que sube 8%, el traslado a precios domésticos no es automático, pero tampoco inexistente. En términos de costos, ese movimiento del crudo podría justificar un aumento en naftas del orden del 3,2%, si se mantiene en el tiempo.

El impacto final dependerá de varias decisiones: cuánto absorben las refinadoras, qué hace el Gobierno con impuestos y cómo se mueve el tipo de cambio. Pero con un esquema de precios más alineado a costos internacionales que en años anteriores, el margen para “pisar” aumentos es menor.

En resumen: el conflicto no cortó el suministro global, pero sí encareció el petróleo. Y si ese nuevo nivel se sostiene, la nafta en Argentina vuelve a quedar bajo presión. No es un salto inmediato, pero el riesgo de ajuste ya está sobre la mesa.

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