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¿Tu nombre puede influir en cuánto vas a ganar a lo largo de tu vida?

Puede sonar exagerado, pero hay evidencia que muestra que algo tan simple como un nombre puede influir en las oportunidades laborales que recibe una persona. No porque el nombre vuelva a alguien más o menos capaz, sino por cómo funcionan en la práctica los mercados laborales reales.

La evidencia más conocida viene de un estudio publicado en 2004 en Estados Unidos. Los investigadores enviaron miles de currículums idénticos a búsquedas laborales reales. La formación, la experiencia y las habilidades eran exactamente las mismas. La única diferencia entre unos y otros era el nombre que figuraba en el CV.

Algunos currículums llevaban nombres típicamente asociados a personas blancas, como Emily o Greg. Otros, nombres más frecuentemente asociados a afroamericanos, como Lakisha o Jamal. El resultado fue contundente: los currículums con nombres percibidos como “blancos” recibieron muchos más llamados para entrevistas que los otros, aun cuando el contenido era idéntico.

Esto no significa que el nombre determine el éxito económico de una persona, ni mucho menos que cause una diferencia real en capacidades. Lo que muestra el estudio es otra cosa: el nombre funciona como una señal social. Es una pista rápida que, bien o mal, anticipa un origen, un entorno o un contexto, incluso cuando esa inferencia es incorrecta.

La explicación de fondo tiene que ver con cómo operan los mercados laborales. En un mundo ideal, los mercados serían perfectos: todos tendrían la misma información, las empresas conocerían en profundidad a cada candidato y las decisiones se tomarían sin prejuicios. Pero ese mundo no existe.

En la vida real, las empresas no conocen a las personas que se postulan. Ven currículums durante pocos segundos y toman decisiones con información incompleta. En ese contexto, aparecen los atajos mentales. El nombre, el barrio, la escuela o incluso la forma de escribir funcionan como señales rápidas para decidir a quién llamar y a quién no.

Eso es lo que se conoce como mercados imperfectos. Son mercados donde hay información incompleta, sesgos, prejuicios y decisiones tomadas bajo incertidumbre. En ese marco surge la llamada discriminación estadística, muchas veces inconsciente, donde se juzga a una persona no por lo que es, sino por lo que se cree que representa.

Ahora bien, hay un punto clave que conviene remarcar. Este tipo de sesgos impacta sobre todo en las primeras instancias, como conseguir una entrevista o un primer contacto. No define el resultado final de una carrera.

En el largo plazo, lo que realmente pesa es el desempeño, la experiencia acumulada, las decisiones que se toman y la trayectoria que se construye. El talento, tarde o temprano, termina hablando.

En síntesis, el nombre puede influir en cómo te leen al principio. Puede abrir o cerrar alguna puerta inicial. Pero no define quién sos ni hasta dónde podés llegar. En mercados imperfectos, las señales importan al arranque. A la larga, lo que queda es lo que cada uno hace con las oportunidades que logra construir.

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