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Inflación de noviembre y plazos fijos: por qué hoy ahorrar en pesos implica perder poder de compra

El dato de inflación de noviembre volvió a poner en evidencia una tensión clave para los ahorristas en pesos. Con una inflación mensual del 2,5% mensual, el nivel de precios volvió a acelerarse respecto de octubre y quedó por encima del rendimiento que hoy ofrecen los plazos fijos tradicionales.

Actualmente, la mayoría de los bancos paga tasas de plazos fijos minoristas en torno al 32% nominal anual. Traducido a un rendimiento mensual efectivo, eso equivale a aproximadamente 2,2% por mes. Es decir, el plazo fijo rinde menos que la inflación de noviembre.

La cuenta es directa. Con una inflación mensual del 2,5% y una tasa del plazo fijo del 2,2%, el ahorrista pierde alrededor de 0,3 puntos porcentuales de poder adquisitivo en solo un mes. Si este esquema se mantiene en el tiempo, la pérdida real se acumula.

Este escenario no es casual. Tras las elecciones, los bancos comenzaron a recortar las tasas pasivas, anticipando un contexto de mayor estabilidad cambiaria y menor presión financiera. Al mismo tiempo, la inflación no termina de perforar el umbral del 2% mensual, en buena medida por el impacto de los precios regulados, como tarifas y transporte, que volvieron a empujar el índice general.

Así, el plazo fijo dejó de funcionar como instrumento de resguardo del ahorro y pasó a cumplir un rol más transaccional, útil para estacionar pesos de muy corto plazo pero insuficiente para preservar valor. Hoy, directamente, no alcanza para empatarle a la inflación mensual.

En este contexto, empieza a cambiar el mapa de alternativas para el ahorro. Con el rendimiento del plazo fijo en terreno negativo en términos reales, instrumentos como las acciones de empresas relevantes y las obligaciones negociables vuelven a aparecer en el radar como opciones para quienes buscan rendimiento, especialmente en un escenario de menor riesgo macro y con expectativas de estabilidad financiera hacia adelante.

En síntesis, con inflación por encima de las tasas bancarias, el plazo fijo deja de ser atractivo. El dinero crece en pesos, pero pierde valor en la economía real, y eso obliga a mirar alternativas que permitan, al menos, no quedar atrás frente a los precios.

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