Las dificultades para pagar tarjetas y préstamos personales se duplicaron en lo que va del año y reflejan el deterioro de los ingresos frente a la inflación y las tasas altas.
La morosidad en los créditos bancarios destinados a individuos y familias no deja de crecer. Según el último informe del Banco Central, la irregularidad en el pago de tarjetas de crédito llegó en junio al 4,4%. Esto implica que en apenas seis meses se duplicó respecto al 2,2% de febrero y más que se multiplicó por dos frente al 1,9% registrado un año atrás.
La situación también se agrava en los préstamos personales, donde la mora alcanzó el 6,4% de la cartera total, cuando a comienzos de 2025 estaba en 3,4%. En paralelo, los cheques compensados aumentaron 30% en montos reales interanuales, lo que refleja que las dificultades se extienden a la cadena de pagos.
El fenómeno ocurre en un contexto de salarios rezagados frente a la inflación, con paritarias mayormente homologadas por debajo del 1,5% mensual. Según datos oficiales, en el primer semestre los sueldos crecieron 14,6%, mientras que la inflación fue de 15,1%. Esa pérdida de poder adquisitivo, sumada a la reciente suba de tasas de interés, explica la presión creciente sobre los hogares endeudados.
En total, el grado de incumplimiento crediticio privado trepó a 2,9% en junio, el nivel más alto desde enero de 2024. Si bien sigue por debajo del promedio histórico de 20 años, la velocidad del deterioro preocupa: en el caso de las familias, los niveles actuales ya superan a los de 2021.
Los bancos admiten que observan con cautela el incremento de la mora, al tiempo que endurecen las condiciones para otorgar nuevos créditos y elevan las tasas para desalentar la demanda. El ajuste monetario del Gobierno para contener el dólar aparece como el trasfondo de este escenario, que combina menos financiamiento disponible, ingresos debilitados y un riesgo creciente de que la morosidad siga escalando.
