Todos los meses el INDEC publica la variación del Índice de Precios al Consumidor (IPC), pero pocos conocen cómo se construye este dato clave. Qué productos se relevan, dónde, y por qué muchos critican que el índice.
¿Cuánto subieron los precios? Esa es la pregunta que resume el concepto de inflación, y en Argentina, la respuesta oficial llega cada mes desde el INDEC. El organismo calcula la variación del Índice de Precios al Consumidor (IPC), un indicador que refleja el cambio en el costo de una canasta representativa de bienes y servicios que consumen los hogares. Pero detrás de ese número hay un complejo trabajo estadístico que incluye visitas a comercios, encuestas y fórmulas matemáticas.
El relevamiento se realiza en 31 aglomerados urbanos distribuidos por todo el país, desde el Gran Buenos Aires hasta ciudades del interior. En total, el INDEC releva mensualmente más de 320.000 precios en unos 16.000 negocios tradicionales y alrededor de 500 supermercados e hipermercados, además de prestadores de servicios, colegios y viviendas en alquiler. Se siguen unos 600 productos y servicios, agrupados en 12 grandes rubros, como alimentos, transporte, salud o educación.
Sin embargo, actualmente hay una polémica en lo que respecta a la medición de la inflación en Argentina. Y es que gira en torno a la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo), que define cómo está compuesta y ponderada la canasta del IPC, que es del año 2004. Aunque se realizó una nueva edición en 2017-2018, el INDEC sigue utilizando como base la vieja encuesta de 2004, es decir, hábitos de consumo de hace 20 años. Esto implica que productos y servicios hoy centrales, como plataformas de streaming, apps, servicios financieros digitales o delivery, aún tienen muy baja representación en el índice oficial.
A esto se suma que el cálculo del IPC no es un promedio simple, sino ponderado: cada producto tiene un peso relativo según cuánto lo consumen los hogares, y las regiones del país también se ponderan según su nivel de gasto, no por cantidad de habitantes. Así, por ejemplo, el Gran Buenos Aires tiene más incidencia en el índice nacional que otras regiones, porque concentra un alto volumen de consumo.
Si bien el IPC del INDEC sigue estándares internacionales y tiene una metodología sólida, las críticas por la falta de actualización y representatividad crecen. En un país con alta inflación crónica, conocer cómo se mide ese dato no es una curiosidad técnica: es clave para entender si el número que llega a los titulares realmente refleja lo que pasa en la calle.
