El dato sorprendió positivamente a todos porque se dio en un mes marcado por una devaluación del 14%. Es decir, el dólar oficial subió con fuerza, pero el impacto en los precios fue mucho menor al esperado.
Este comportamiento se explica por la falta de convalidación en el mercado: el salto cambiario no encontró una expansión equivalente de la cantidad de pesos en circulación, lo que limitó la capacidad de las empresas para trasladar el aumento del dólar a sus precios. En otras palabras, aunque el tipo de cambio se ajustó, la demanda interna no tuvo el músculo suficiente para absorber incrementos generalizados.
Además, el contexto macroeconómico muestra un Banco Central decidido a sostener tasas de interés altas y una política monetaria contractiva, lo que enfría el consumo y acota la presión inflacionaria. Así, julio dejó una foto atípica: una fuerte suba del dólar oficial que no se tradujo en un salto equivalente en el índice de precios.
Para los principales analistas del país, este dato no solo marca un alivio coyuntural, sino que abre un debate sobre la dinámica de precios en un escenario donde los ajustes cambiarios pueden no generar la misma inflación que en el pasado, siempre que la política monetaria y la demanda agregada sigan bajo control.
